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jueves, 4 de febrero de 2016

Suarez y Messi los protagonistas




Con cuatro goles de Luis Suárez y tres de Leo Messi, el Barça firmó una exhibición para destrozar al Valencia (7-0) y asegurarse, salvo sorpresa mayúscula en la vuelta, el pase a la final de la Copa del Rey.
El partido fue un monólogo del equipo de Luis Enrique, que ofreció una de sus mejores actuaciones del año ante un rival con muchas dudas y que, además, jugó con diez toda la segunda mitad por la expulsión de Mustafi.
Virtuosismo, velocidad de vértigo en las combinaciones, recuperaciones fugaces, electricidad en cada acción y mucha clase. Eso fue el Barça desde el primer minuto de un partido en el que salió a decidir la eliminatoria y lo pudo haber hecho antes del descanso. Fue una exhibición de un gran Barcelona, del juego coral de un equipo que después de las tres últimas victorias en las que se cuestionó su fútbol, quería reivindicarse frente a un temeroso rival, que temió a los azulgranas desde la alineación y el once presentado por Neville ya fue una declaración sobre las aspiraciones de su equipo en el campo blaugrana.
El Barça fue un vendaval, impuso su fútbol de fantasía desde el primer minuto frente a un rival desarbolado y que nunca supo a qué jugar. Así, antes del cuarto de hora, los de Luis Enrique ya habían marcado dos goles y se veía venir la goleada.
EFE
Ficha del Partido:
Barcelona 7: Ter Stegen; Aleix Vidal, Piqué (Bartra, 61'), Mathieu, Alba (Adriano, 70'); Busquets, Arda Turan, Andrés Iniesta (Sergi Roberto, 46'); Leo Messi, Luis Suárez y Neymar.
Valencia 0: Ryan; Barragán, Mustafi, Santos, Gayà; Cancelo (Cheryshev, 58'), Danilo (Feghouli, 33'), Dani Parejo, André Gomes, Siqueira (Vezo, 46'); y Rodrigo.
Goles: 
1-0, m. 7: Suárez. 
2-0, m. 12: Suárez. 
3-0, m. 30: Messi. 
4-0, m. 59: Messi. 
5-0, m. 74: Messi. 
6-0, m. 83: Suárez. 
7-0, m. 88: Suárez.

domingo, 10 de enero de 2016

Plácida goleada

 Foto:Marta Pérez (EFE)


El Barcelona despidió la primera vuelta de la Liga -a la espera de disputar el partido aplazado con el Sporting- como líder provisional de la competición, después de golear hoy al Granada (4-0) con un triplete de Leo Messi y otro tanto de Neymar.
Fue un partido enormemente plácido para los azulgranas, un oasis en mitad de los derbis de alto voltaje que ha tenido que librar con el Espanyol y cuyo tercer acto se vivirá el próximo miércoles, en Cornellà-El Prat, en la vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey.
No salió el Granada a esperar al Barça, tampoco a buscarlo, y pagó esa indefinición táctica y su falta de convicción para soñar con hacer algo grande en el Camp Nou.
José Ramón Sandoval armó una defensa adelantada de cinco hombres y, con el equipo andaluz partido por el medio campo, los azulgranas jugaron a placer desde el pitido inicial.
Aún no se había llegado al cuarto de hora y Messi ya ha había firmado un doblete. Al culminar, primero, una asistencia de Arda, de nuevo titular, y una preciosa triangulación al primer toque entre Neymar y Luis Suárez, para hacer el 2-0.
Antes, el propio Messi había dejado solo con un pase de tiralíneas a Jordi Alba, que se encontró con la primera intervención acertada del meta Andrés.
De los andaluces, apenas había noticias. El cuadro rojiblanco se marchó al descanso con solo dos goles en contra, pero le podían haber caído perfectamente media docena.
Messi, Neymar y Luis Suárez tuvieron algunas clarísimas. Al argentino, el meta del Granada le sacó una mano prodigiosa, el brasileño desvió el punto de mira en una volea con la zurda y el uruguayo falló un gol cantado con Andrés ya batido.
Doria, el mejor de la zaga visitante, también abortó in extremis dos o tres contras locales que prometían acabar en el fondo de la red. Porque el Barça, que recuperaba el balón con insultante facilidad a cada pérdida, llegó cómo y cuando quiso.
Los andaluces, con el joven Peñaranda bregando solo con toda la zaga azulgrana, sólo llegaron una vez a las inmediaciones de Bravo en toda la primera mitad y fue con un tiro desviado de Rochina desde la frontal, al filo del descanso.
Salió más vivo el Granada tras la reanudación, apretando al Barça más arriba y buscando con un poco más de intención la portería defendida por Bravo. Lombán lo intentó en un libre directo, pero su disparo acabó mansamente en las manos del portero chileno.
Aunque la mejoría ofensiva del Granada era una evidencia, el equipo de Sandoval seguía desangrándose atrás.
Una internada de Neymar por la izquierda acababa con un remate del brasileño al poste. El rebote llegaría a la bota izquierda de Messi, que remachaba a la red para firmar su triplete antes de la hora de juego.
Ahí quedó definitivamente finiquitado el partido. Pero Neymar quería su gol. Entre filigrana y filigrana y los lamentos de Suárez -una tarde de esas para olvidar la que tuvo hoy el uruguayo- lo encontró a siete minutos del final, para cerrar la goleada local.
Ficha técnica:
Barcelona 4: Bravo; Aleix Vidal (Dani Alves, min.65), Piqué, Vermaelen, Jordi Alba, Sergi Roberto, Rakitic, Arda (Adriano, min.71), Messi, Luis Suárez y Neymar.
Granada 0: Andrés; Edgar, Lombán, Doria, Biraghi, Rochina (Javi Márquez, min.78), Krhin (Mainz, min.46), Rubén Pérez, Uche, Success y Peñaranda (Rober, min.71).
Goles: 
1-0: Messi, min.7. 
2-0: Messi, min.14. 
3-0: Messi ,min.58. 
4-0: Neymar, min.83.
Ginés Muñoz, EFE

domingo, 13 de septiembre de 2015

Siempre Messi



La irrupción del argentino Leo Messi en la última media hora solucionó tres puntos más para el Barcelona, ganador por el enésimo gol definitivo de su estrella contra el Atlético de Madrid, resistente hasta entonces, incluso al frente del marcador cuatro minutos, pero derribado por el talento azulgrana.

Porque no sólo fue el gol de Messi, el tanto que decidió la victoria del conjunto visitante en el Vicente Calderón, sino que también hubo otro formidable de falta directa del brasileño Neymar, el que igualaba el 1-0 de Fernando Torres, y mucha posesión del Barça sin los que el triunfo no habría sido posible.

Y mucho menos sin Messi, la primera noticia del partido por su suplencia. No se entrenó el viernes, a su vuelta de la selección, por su segunda paternidad y comenzó en el banquillo. La segunda, mucho más previsible, fue la puesta en escena de ambos equipos. Sin sorpresas: el balón del Barcelona y el contragolpe del Atlético.

Nada nuevo en los últimos duelos entre ambos, siempre a un nivel de competitividad altísimo, a ratos con una presión asfixiante para el que tiene la pelota en campo contrario, sea vestido de rojiblanco o azulgrana, con la atención máxima a cada detalle y con una premisa sobre las demás: minimizar riesgos en cada jugada propia y ajena.

Salió el Barcelona con la pelota, aunque sin tanta transcendencia dentro del área contraria como acostumbra hasta su primera ocasión en el minuto 15, una imponente conducción de Iniesta culminada por Rakitic y repelida por un enorme Jan Oblak, una garantía para el Atlético sea cual sea el partido y el adversario.

También lo fue hoy el larguero para el conjunto rojiblanco, cuando conectó el uruguayo Luis Suárez un remate con pinta de gol e inalcanzable para el guardameta esloveno en un saque de esquina; la segunda oportunidad de un Barça dominador y, sobre todo, sin daño al contragolpe, apenas una acción de Fernando Torres que terminó fuera.

Entre tanta posesión, combinación y precisión del Barcelona, y la consecuente exigencia física para el Atlético, no había opciones para explotar la velocidad para el conjunto rojiblanco, empujado hacia su área por el control azulgrana, en muchos momentos incontestable, y presionado cuando debía salir al ataque, cuando necesitaba correr rápido hacia adelante sin detenerse en nada más.

No pudo el Atlético apenas jugar en campo contrario en todo el primer tiempo ante un Barça poderoso y con una ocasión más, salvada por un milagroso Giménez desde el suelo ante el brasileño Neymar al contraataque, y con el equipo madrileño necesitado de más fútbol, de entrar en contacto más con un balón que era casi propiedad rival.

Un partido prometedor para el Barcelona y un panorama estresante para el Atlético, solvente en defensa, como prueba el 0-0 con el que se marchó al intermedio, pero sin margen de maniobra en los contados momentos de los que dispuso del balón, sin apenas apariciones del francés Griezmann ni Koke, un problema para el equipo rojiblanco, más aún contra un Barcelona tan fiable como el de este sábado.

Hasta el descanso, hasta el reinicio del partido, hasta que el Atlético subió sus líneas, con Koke ya en el medio, con la reclamación de un penalti por mano de Mascherano y con un golpe al duelo con el 1-0 en el minuto 51, una definición perfecta de Fernando Torres con un pase igual de perfecto de Tiago para encontrar el único desajuste defensivo rival hasta entonces.

Una ventaja fugaz, equilibrada cuatro minutos después con un espectacular lanzamiento de falta de Neymar por ejecución, potencia, colocación en la escuadra y resultado, pero un nuevo aire al duelo, más igualado e, instantes después, ya con Messi sobre el césped. Entró a la hora de juego, todavía con el ganador por definirse.

Mucho tiempo para un futbolista como él, que poco después dio un pase magnífico a Neymar, cuyo gol lo evitó Godín casi bajo palos con la mano; que cada vez que agarró la pelota causó agitación en el área del Atlético y que, un cuarto hora después de entrar en el campo, decidió el partido a su manera: como un futbolista imparable.

En un par de metros lanzó una pared con Luis Suárez y la culminó con la sutileza y el ingenio de un jugador formidable, una vez más definitivo contra el Atlético, desfondado, derribado y doblegado en el minuto 77, precisamente cuando se sentía más dentro de un duelo que había manejado durante muchos minutos el fútbol azulgrana.

Ficha técnica:

Atlético de Madrid 1: Oblak; Juanfran, Giménez, Godín, Filipe; Óliver (Yannick Carrasco, m. 60), Gabi (Vietto, m. 81), Tiago, Koke; Griezmann y Fernando Torres (Jackson, m. 62).

Barcelona 2: Ter Stegen; Sergi Roberto, Mascherano, Vermaelen (Mathieu, m. 27), Jordi Alba; Sergio Busquets, Rakitic (Messi, m. 60), Iniesta; Rafinha, Neymar y Luis Suárez.

Goles: 1-0, m. 51: Torres culmina un pase de Tiago. 1-1, m. 55: Neymar, por la escuadra falta directa. 1-2, m. 77: Messi, tras una pared con Luis Suárez.

EFE

jueves, 3 de diciembre de 2009

Ganador del Balon de oro 2009




Lionel Messi confirma que de Rosario salen grandes futbolistas. Allí nació él, en junio de 1987, pero con el tiempo habrá quienes discutan que se le pueda considerar rosarino. Dentro de cuatro años habrá vivido en Barcelona tanto tiempo como en su ciudad natal. A Barcelona llegó siendo un niño de 13 años, por una iniciativa de sus padres, que estaban seguros de su talento pero, a la vez, creían que necesitaba ayuda médica para culminar su desarrollo. Llegaron a un acuerdo con el Barcelona para que lo acogiera. La suya pudo ser una historia más de niños prodigio que entran en la estructura de un club grande y luego se malogran. En su caso parece que resultó providencial un informe favorable de Rexach, que solo necesitó verle jugar diez minutos para darse cuenta que en aquel chavalín de los filiales barcelonistas brillaban todos los signos de los elegidos. No tardarían en deslumbrar de forma cegadora. A los 17 años debutó en el primer equipo de Barcelona. Cinco años después le acaban de conceder el Balón de Oro al mejor futbolista europeo (o que juega en Europa), una distinción votada por periodistas de todos los países. No sería ninguna sorpresa que este mes la FIFA lo elija mejor jugador del mundo, trofeo que deciden los seleccionadores nacionales. A sus 22 años Messi ha llegado a una cima, pero quizá no la más alta. Él, con toda la vida deportiva por delante, puede aspirar a cotas mayores, como la de ser un futbolista de época, a la altura de los más grandes o tal vez por encima de ellos.

Tiene unas condiciones fantásticas. Es muy rápido, muy bueno técnicamente y muy imaginativo. Arranca con la velocidad de un rayo y gira vertiginosamente; mejor que una estrella del ballet, porque es capaz de interrumpir en seco el giro y reanudarlo en sentido contrario. Con estas cualidades y una inventiva prodigiosa es capaz de salir de las encerronas más férreas, como un Houdini del balón, pero a velocidad supersónica. Y lo hace con la pelota pegada al pie, con microtoques que apenas la separan unos centímetros de la bota.

Siendo portentosas sus otras cualidades, ésta es particularmente prodigiosa. Hace algún tiempo Alfredo Di Stéfano -sólo dos veces balón de oro porque el reglamento del trofeo impidió durante años que un futbolista pudiera repetir- ponía su lupa de experto en esa cualidad de Messi. "Lo estoy estudiando", decía con admiración. Llegará a explicarlo, pero también a la conclusión de que esa habilidad es intransferible.

Si Messi es ya fantástico con el balón en los pies, ahora debe crecer en su relación con el equipo, al que puede ayudar más de lo muchísimo que ya lo hace. Le queda, por ejemplo, mejorar en el aspecto táctico. Y progresar de cara a la portería. Ya lo está haciendo. Marca cada vez más goles. Pero aún no ha desarrollado del todo su capacidad finalizadora. No es sólo cuestión de instinto, sino también de maestría. Tira bien, aunque no muy fuerte. Muchos de sus goles los consigue porque se planta irresistiblemente ante el portero. Pero le queda explotar otras alternativas, como el disparo a distancia.

Con sus 1,69 metros quizá no llegue nunca a ser un gran cabeceador, pero ya ha demostrado que puede saltar para marcar, como en la pasada final de la Copa de Europa. En fin, se le adivinan más motivos para progresar que para estancarse. La pérdida de su condición física privilegiada -esa fulminante salida- y el agotamiento de su imaginación son los peligros que le acechan. De momento, sólo hipotéticos, como también lo es la falta de ambición, ya provenga del acomodamiento o se la imponga la dureza de los rivales, ante la que hasta ahora se ha comportado como un estoico, otra virtud más.

MESSI O MARADONA. Ese rasgo plano de su personalidad, que se traduce en una expresión de esfinge sonriente, contrasta netamente con la desmesura, a menudo estrafalaria, que ha sido norma de conducta de quien es, por ahora, su rival ante la Historia, y, por desgracia, su seleccionador: Diego Armando Maradona. ¿Llegará a superarle? ¿O tal vez le ha superado ya? Los dos son zurdos, los dos imaginativos, los dos con inventiva genial. Maradona tenía tal vez mejor toque y mejor desplazamiento de balón en largo. Messi es mucho más rápido y con mejor físico.

Se puede comparar -ya se ha hecho muchas veces- sus dos goles supremos, el que Maradona marcó a Inglaterra en México en las semifinales de un Mundial y el que Messi hizo al Getafe en el Camp Nou en la Liga. En el gol de Maradona sólo hay un momento de apuro, al inicio de la jugada, cuando recibe el balón de Enrique en el centro del campo. Le entran entonces dos contrarios y se los quita de encima con un amago y un giro perfecto mientras pisa el balón. El resto de la jugada es un ejercicio de conducción del balón, con más seguridad que velocidad, que no la exige la colocación de los jugadores ingleses, que están dispuestos sobre el campo como fichas en un damero. Maradona las va comiendo de una en una, acelerando progresivamente hasta que se planta ante Shilton, al que desborda hacia afuera para tirar luego a puerta vacía.

El gol de Messi ante el Getafe se inicia con mucha más dificultad. No sólo parte de una posición imposible en la banda, donde le cierran tres contrarios, sino que éstos le oponen una resistencia sañuda cuando logra abrir camino e inicia la escapada. Pero se va pese las tarascadas que le lanzan y corre a toda velocidad hacia la portería. Frente al área le espera, bien situada, la defensa, pero la supera en un slalom vertiginoso, tras el que se planta ante el portero, al que dribla hacia la derecha para marcar a puerta vacía.

La comparación no es homogénea, reconozcámoslo. No es lo mismo tener enfrente a una selección nacional que a un buen equipo de Primera (el Getafe entonces lo era), pero me gustaría llamar la atención sobre un detalle. Cuando, tras desbordar a Shilton, Maradona toca el balón para mandarlo a puerta, llega tan forzado que, tras el toque, rueda como una pelota. Messi, en cambio, toca suelo con la rodilla y se incorpora de inmediato. Se mantiene dueño de la situación no sólo de principio a fin, sino también después del fin.

Maradona llevó hace poco tiempo a Messi a Rosario con la selección Argentina. La albiceleste perdió y Messi no jugó bien. Dicen que, entre otras cosas, porque no jugó en su sitio. Los rosarinos, que sólo conocen a Messi a través de la televisión, se quedaron decepcionados. Quizá muchos de ellos comparten el descreimiento que parece proyectar sobre el barcelonista el descomunal egoísmo del actual seleccionador. Da la sensación que esa suspicacia de los suyos ha podido herir a Messi y eso explicaría su crisis de los últimos partidos. Pero probablemente se rehaga y vuelva a ser pronto el futbolista deslumbrante con gesto de esfinge feliz.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Maradona libera a Messi

Diego Armando Maradona, nuevo seleccionador argentino, aseguró ayer en Barcelona que respetará el acuerdo alcanzado entre la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y el Barcelona para no convocar a Lionel Messi para los próximos partidos amistosos.

"No podemos contar con Leo por la cláusula con el Barcelona", explicó Maradona, "porque nosotros no podemos pasar por encima de nadie", en referencia al acuerdo existente entre la AFA y el club español para que Messi no sea convocado para el encuentro amistoso de Argentina, el 19 de noviembre ante Escocia en Glasgow, después de que el Barcelona permitiese a Messi disputar los Juegos Olímpicos de Pekín, pese a una resolución del TAS a favor del club azulgrana, que finalmente decidió "prestarlo".